LA VIDA SIGUE

Este post es muy especial, pero mucho…

He tardado en escribirlo, en tardado en conectar y he tardado en elegir el momento para hacerlo… Me ha requerido un tiempo…

Pero hoy he dejado de lado otras cosas y me he dado permiso para escribir.

La antesala de esto es otro artículo escrito para la web en la que colaboro, Expocoaching.

Pero me faltaba escribir algo o hacer una reseña aquí, en mi blog de Y ahora qué.

Y pensaba que sería capaz de escribir varias cosas, con varias características, con diferente tono… Pero no, una vez escrito mi artículo mensual para Expocoaching, me di cuenta que no era necesario escribir más. Con uno era suficiente para zanjar algo pendiente que tenía dentro desde este verano…

Pues ya está.

Éste es el artículo que necesitaba escribir y creo que con dejarlo plasmado aquí le doy el lugar que se merece.

No me extiendo más… Ahí va mi artículo escrito para www.expocoaching.net y que incluyo en mi propio blog. No hace falta decir más.

“No puedo dar consejos de cómo superar un duelo.

No puedo dar instrucciones ni pasos a seguir para superarlo. No sabría hacerlo.

Sólo puedo contar mi experiencia de perder un ser querido y como la vida sigue avanzando, sin pararse, sin darte tiempo a reaccionar ni a hacerte a la idea.

A veces la muerte te avisa en forma de enfermedad, en forma de accidente, sabes que puede suceder aunque lógicamente no tienes la certeza que vaya a ocurrir ni cuándo será.

Pero cuando el suceso viene de manera imprevista, no te da tiempo ni siquiera a pensarlo. No se te pasa por la cabeza que el día pueda ser hoy, mañana o esta noche. Ocurre y ya todo terminó.

Cuando tienes vivos a tus padres y uno de ellos fallece, te aferras al que todavía vive, como si pensaras que no todo se ha perdido. Todavía queda alguien que necesita nuestros cuidados y afectos y seguramente más que antes.

Es como si la misión hacia ellos hubiera cambiado de características, de acciones. Antes, estando los dos hacías unas cosas y ahora debes hacer otras. Pero todavía queda uno. Cambia la forma, pero no el fondo de cuidar a tus seres queridos, de atenderles y de acompañarles en lo que necesiten.

Cuando fallece el segundo progenitor, cuando tu último referente fallece, se acaba todo de golpe.

Ya no les tienes que dedicar más tiempo. Ya no tienes que hacer más cosas con ellos, ni ir a visitarles, ni ayudarles. Ya terminó todo.

Todo ese conjunto de hábitos y costumbres que tenemos tan interiorizados y tan asumidos porque constituyen nuestra rutina diaria, todo eso, desaparece y es cuando empiezas a tomar conciencia de que ya no están.

Ya no hace falta llamarles, ni llevarles ropa o comida. La soledad que dejan se ve reflejada en esos detalles pequeños además de los recuerdos vividos con ellos. Esos hábitos marcan una vida diferente a partir de ahora. Que sigue adelante y hace que te adaptes a la fuerza a la nueva situación, sin paños calientes, sin dulzura, sin pausa… Ya no les verás más.

Cuando pierdes a tus padres, aparece una soledad distinta a la que tenías antes cuando estaba uno de ellos. Además del cariño y amor que se pueda sentir, del dolor y la tristeza por perder a uno de ellos o a los dos, es que cuando se va el último, esa sensación de abandono es mucho mayor. Es desolación, es un poco de vacío, es nada.

Miles de imágenes y experiencias pasadas van apareciendo en nuestra mente. Recuerdos que vienen a la cabeza de cuándo hiciste esto o aquello, cuando te llevaron a un sitio de pequeño o cuando estabas con ellos en casa. Hay tantos recuerdos que se agolpan y vienen a la cabeza…

Y como la vida no se para y sigue para todos, para todo aquél que te rodea, para tus hijos, para tus hermanos, para tus otras familias y amigos, incluso para ti. Y su ausencia se va integrando en el día a día. Y asumes esa falta de rutinas, porque ya no es necesario hacerlas, pero cada vez que lo piensas es un recuerdo más, un recordatorio de su presencia en nosotros.

Pasa un mes, y otro y su imagen está en nuestra mente, en nuestro corazón. Y cada vez que piensas en ellos, es como si les hicieras un pequeño homenaje, honras un poquito su existencia, pero únicamente en nuestro interior.

Y cada miembro de la familia lo vivirá de una manera, lo exteriorizará o no, lo experimentará de una forma u otra…

No se pueden dar consejos de cómo superar un duelo, más que seguir viviendo y mirar hacia lo que tenemos, no hacia lo que nos falta.

Aprovechando cada minuto de nuestra vida.

Disfrutando de los seres queridos que nos rodean y los que están por venir, porque cuando una vida se apaga, seguramente, otra viene en su lugar.

 Agradeciendo un día más todo lo que tenemos.

Comprendiendo que su momento llegó y era el que tenía que ser, el idóneo, el elegido y el que estaba en su destino.

Descansa en paz mamá. Ya estás junto a papá.

 “La muerte no existe, la gente sólo muere cuando la olvidan; si puedes recordarme, siempre estaré contigo.”

ISABEL ALLENDE

Artículo publicado en www.expocoaching.net en Octubre 2019

1 comentario en “LA VIDA SIGUE

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