LA ILUSIÓN

La ilusión tiene una línea muy fina.

Estar en un lado o en otro, puede suponer pasar del cielo al infierno, de la alegría a la frustración o de la acción a la pasividad en cuestión de segundos.

Tener ilusión es tener energía para vivir.

Es la gasolina que necesitamos.

Las ilusiones como el amor, mueven el mundo. Hacen posible que todo se dé la vuelta.

Pero también la ilusión marca proyectos, objetivos, planes…

Nos ayuda a levantarnos cada mañana para conseguir aquello que deseamos. Para trabajar por conseguirlo y esforzarnos en mantenerlo.

No tener ilusión nos convierte en autómatas haciendo las cosas sin tener un “PARA QUÉ”. Vagamos sin sentido, sin brújula. Por imperativo de prioridades, sin iniciativa.

Pero, ¿Dónde está la ilusión?

Cada persona la encontrará en un lugar diferente o la tendrá asociada a cualquier cosa o aspecto que le pueda resultar importante.

Aquí van algunos ejemplos:

  • En las pequeñas cosas cotidianas: una cena especial, una reunión familiar, una película, un libro, un paseo…
  • En las grandes cosas: en una casa más grande, en un coche de alta gama, en un gran viaje, en una casa en la playa o en el pueblo de toda la vida.
  • En los proyectos personales: cambiar de trabajo o encontrar uno, escribir un libro, dedicarte a lo que realmente te apasiona y te gusta, hobbies u otras disciplinas.
  • En las personas que te rodean, hacerles un poco más felices y agradables el día a día o momentos especiales.
  • En los días que para cada uno son importantes: un cumpleaños, un aniversario, la noche de Reyes…

La ilusión se siente, nos mantiene vivos con la mirada puesta en un horizonte, en una línea a seguir recorriendo un camino.

Cuando no tenemos ilusión nuestro propósito se muestra difuso, poco claro, cambiante, sin definición… Todo vale. O nada nos sirve.

Nos apaga la llama interior, nuestra esencia. Sin ilusión no somos nada.

Pero la ilusión no viaja sola. No es una emoción independiente que nos motiva a hacer cosas, a imaginar o disfrutar.

La ilusión va muy unida a las expectativas, a la imaginación, a soñar.

Con cada ilusión, esperamos que suceda algo de una manera determinada, con unas circunstancias concretas, a veces dejando poco espacio a la realidad.

En ocasiones, las expectativas o deseo de cómo deben suceder las cosas con las que me ilusiono superan a la ilusión en sí, le ganan terreno y la mente se pone inmediatamente a imaginar cómo va a ser la materialización de esa ilusión.

Y aquí viene el error.

Inconscientemente traspaso la línea y cuando llega el momento y nada de lo sucedido se parece o se asemeja solo en parte, imaginando tantas cosas distintas a las ocurridas… Es aquí donde viene la frustración. Ya pasé al otro lado.

¿Por qué cuesta tanto equilibrar ilusión y expectativa?

¿Debo renunciar a tener ilusiones porque no se cumplen exactamente como yo había imaginado?

¿Dónde está la clave o el punto medio para no caer en la frustración y abandonar las ilusiones?

Primero, dejar de esperar. No esperemos que suceda esto o aquello. Desapegarnos del resultado y disfrutar más cada acción, cada momento, cada paso andado dentro del camino a recorrer.

Adaptarnos y ser flexibles a los imprevistos que puedan surgir. Con calma, intentar verlos como una oportunidad nueva. Aprovechar las circunstancias adversas y darles la vuelta para optimizarlas.

Pensar menos y reflexionar más.

No pensar en bucle. No sabotearnos con nuestro pensamiento y ser capaces de decir “STOP” a pensamientos que no aportan nada más que sufrimiento y nos hacen traspasar la línea una y mil veces…

Centrarnos en nuestra ilusión, no en la de los demás. Qué nuestra ilusión no dependa de otra persona. No dejemos nuestro poder en manos ajenas que seguramente la vivirán de distinta forma. Nuestra ilusión es sólo nuestra y la intensidad con que la vivamos, es única para nosotros.

Porque sólo YO soy responsable de:

  • Mis palabras
  • Mis acciones
  • Mi conducta
  • Mis errores
  • Mi esfuerzo
  • Mis ideas

No de lo que hagan o digan los demás.

También es importante hacer una gestión correcta de mi ilusión. Puedo fomentarla y alimentarla porque me hace sentir bien, con fuerza y energía. Pero poner expectativas demasiado diseñadas, definidas en exceso, eso no me beneficia en absoluto. Me hunde traspasando la línea y me anula todas mis ilusiones, llegando a pensar que no existen o no debo tenerlas para no sufrir así.

Gestionar mis emociones e ilusiones sólo se consigue con Autoconocimiento, con mirarnos hacia dentro, con saber detectar lo que sentimos y aquello que es importante para nosotros, poniéndolo en valor.

Todo lo que pueda surgir después será producto de una inadecuada forma de Autoliderazgo.

Ilusión pero con expectativas reales por favor.

 “No te apartes de tus ilusiones. Cuando se hayan ido, es posible que aún existas, pero habrás dejado de vivir.”

MARK TWAIN

2 comentarios en “LA ILUSIÓN

  • Qué bonito Miriam y q practico resulta leer tus artículos. Totalmente de acuerdo en que la distancia entre ilusión y expectativas es una línea muy fina y que, dependiendo hacia dónde tires puede dar lugar a un sentimiento de fracaso o por el contrario puede ser un revulsivo en nuestras vidas. Enhorabuena como siempre.

  • Gracias Miriam por tus palabras. Siempre nos ayudan a reflexionar en nuestro ajetreado día a día. Es verdad que la ilusión tiene una línea muy fina. No podemos permitir que su búsqueda se convierta en una «obligación». Tiene que salir de dentro, del autoconocimiento y de la sinceridad.. nonpasa nada si un día nos sentimos desilusionados y con miedos, éstos también forman parte de nuestro interior. Muchas gracias por recordarnos lo importante, Miriam. Sigue escribiendo.

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